Mi hermano Darío me da ternura. Pone sudor y empeño en arreglarse para ir al antro. No se percibe un cálculo frio para consumar éxitos, expresado en el impacto que causa su apariencia sino que sólo se percibe la dulce búsqueda de aprobación y encanto en sus ojos. Pero en su fiel mirada de cordero se esconde a su vez el lobo de sus adentros.